sábado, 26 de febrero de 2011

El día de mi perdición.

Pido pocas cosas a la vida y mira como me recompensa lo buena y caritativa que soy. Ahora cada vez más porque bueno ... porque me sale del alma, por no decir de otro sitio.


Como ya dije mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo, esa cosa tan ... ese que me da tanto ... le tengo un ... ¡uff!. No me salen ni las palabras. ¡Le odio, le odio, le odio!, y encima ¡PARA COLMO! está ahí espatarrado en mi cama como si esta casa fuera la suya, porque ¿no lo es verdad?. Hice un breve reconocimiento girando la cabeza de un lado para otro y fijándome en todos los rincones. No, definitivamente es mía, más que nada porque no creo que se maquille los labios ni se depile con cera. Me acerqué sigilosamente a mi lecho y con un megáfono que me tocó una vez en la feria de mi pueblo, y que parece que los estaban regalando junto con una bolsa de pipas, lo encendí y ...


-¡Dan Lewis te quiero ahora mismo fuera de mi cama y de mi casa a la voz de ya! - grité al lado de aquel artilugio que si llega a estar un poco más cerca de su tímpano se lo hago trizas, pero como ya dije soy buena y caritativa.


Pegó un respingo de mi cama, y señalo lo de mi cama porque es mía. Lo sé, soy como Gollum en la película de El señor de los anillos pero defiendo lo mío con las uñas.


-Pero, pero ... ¡tú estás loca!. ¿Quieres dejarme sin tímpano quizás?, porque sino lo has conseguido poco te ha faltado - se quejó mientras se tocaba con su mano derecha la oreja afectada por los decibelios como si fuera a curársela de ese modo.


-No era mi intención dejarte sordo - dije desanimada por la reprimenda que me estaba echando - ¡pero si hubiera sido por mí te hubiera tirado ahora mismo por el balcón y haberte dejado sin nada!, se puede saber ¿qué diantres haces aquí?. Porque me lo llevo preguntando desde que vi tus pantalones en el suelo al otro lado de la cama.


Sí. No llevaba pantalones. Estaba con sus boxers. Los mismos boxers que llevó ayer a la cena y que no vi en todo el santo día, cosa que tampoco echo de menos, pero que cuando va al trabajo no para de fardar de ellos "mira son de marca, me los ha regalado mi madre, ha sido un regalo de tal, un regalo de cual, un caprichito de los míos ... bla bla bla", ¿a quien le importa?. Exacto: a nadie, o al menos en ese nadie me incluyo a mi misma aunque me quede sola.


-Pues verás. Ayer cogiste una borrachera de campeonato. No sabíamos si ibas a llegar sana y salva a tu casa, por eso te acompañé. Para que pudieras llegar con vida, o al menos para que no le privases de la existencia a los demás que van conduciendo por la calle. Las llaves de tu escarabajo las tienes encima de la mesa del salón y ... - siguió hablando pero no le hice ni caso.


-Cosa número uno: si voy sola quiero volver con la misma compañía, es como cuando tus profesores te dicen en las excursiones "no queremos volver ni con uno de más ni con uno de menos" y segunda cosa: ¡sólo yo llamo escarabajo a mi coche! ¿entendido?.


-De acuerdo. Una pregunta, porque ¿puedo hacértela no?.


-La vas a formular de todos modos así que adelante.


-¿Eres tan desagradable siempre Oliveira?.


-¡Vamos!, ni en mi propia casa puede llamarme por mi nombre de pila. Mira fuera no quiero verte más la cara ni los calzoncillos, así que tápate, te metes en el baño, te arreglas y te piras ¿vale?.


-Lo que yo te diga, eres una maleducada y una desagradecida que no sabe dar las gracias cuando alguien hace un favor por ti, y por los demás peatones y conductores que circulan por la ciudad claro.


Seguía hablando y yo seguía sin querer escucharle. Me entra por un oído y me sale por el otro como se dice normalmente. ¿Acaso no le podía dar las gracias?, ¿soy demasiado orgullosa como para hacerlo?. Verdaderamente me doy vergüenza pero la repugnancia que le tenía a Dan era superior a mi educación.


"Pero pídele perdón, pobrecito. Ha dejado de dormir en su casa para acompañarte hasta la tuya y que menos que dejarle dormir como se merece". Odio, odio que mi conciencia no me deje pensar con claridad pero ese era el lado caritativo de mi cabeza dentro de poco aparecería ... "Ni perdón ni nada. Lo que tienes que hacer es coger los vaqueros y tirarlos por el balcón. Que baje en calzoncillos y quede en evidencia delante de todo el mundo. Esto ha sido un allanamiento de morada en toda regla así que qué mejor forma de agradecérselo que así". Que menos podía esperar de mi pensamiento retorcido.







-Dan yo ... - lo iba a decir ¡no, no! no puedo, me odio, me doy asco, que poco orgullo tengo.


-¿Sí? - exclamó.


-Quédate a desayunar si quieres, que menos puedo hacer por ti - lo hice, me excusé como pude. Salí de mi habitación dirigiéndome hacia la cocina. Cogí dos tazas, eché un poco de café que tenía preparado desde hace días y agarré una bolsa de magdalenas que tenía arriba del todo en el armario al que yo llamo "el lugar prohibido" pero bueno como ya dicen una vez al año no hace daño, aunque en mi caso sean más veces. Fui al salón y me encontré a él sentado en mi sofá viendo la televisión. Que descarado ni me esperó siquiera para que yo hiciera los honores.


Puse en la mesa las tazas, las magdalenas que saqué previamente para ponerlas en un plato y me llevé también un azucarero para endulzar un poco aquel café que olía a gloria.


-Gracias - dijo.


-¿Qué? - no podía creer lo que oían mis oídos. No daba crédito.


-Que muchas gracias por ser tan hospitalaria conmigo después de no haberme invitado a tu propia casa - respondió sonriendo.


No pude evitar sonreír tras aquellas palabras que soltó por su boca. Para mí fue lo más bonito que me dijo desde que trabajé con él. Siempre estamos tirándonos los cacharros a la cabeza, como quien dice, y jamás pensé que llegásemos a llevarnos bien o a hablarnos bien siquiera.


-Hago lo que puedo.


Estuvimos viendo la televisión un buen rato. Estaba echando una película muy romántica. La verdad que no recuerdo el nombre sino el pequeño suceso que casi se produce con la presencia de Dan.


-Que tontonados son los de la película - dije haciendo referencia a los protagonistas de la película que no paraban de besarse y de tocarse en todo momento.


-¿Acaso no te gusta el romanticismo? - preguntó un poco extrañado. Seguramente sería la única chica a la que escuchó decir aquello. Sí, nosotras nos hacemos nuestra propia fama.


-Sí, además lo soy por muy raro que te parezca.


-Pues sí, demasiado raro para ser tú me parece.


-¿Así?.


Dejé la taza en la mesa de centro. Me fui acercando, ya que estaba en la otra punta del sofá aunque no fuera demasiado ancho, poco a poco a él insinuándome. Mis labios, que a leguas olían y sabían a café  cortado, se fueron acercando a los suyos pero sin tocarlos. Mi aliento y su aliento chocaban y cada uno notaba la humedad de su respiración. Mis ojos fueron cerrándose lentamente y los suyos estaban cerrados porque sabía lo que iba a ocurrir. Y ocurrió lo que me temía ...

6 comentarios:

  1. Me alegra haberte dejado así.
    Gracias por comentar un beso =D

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  2. guuauuuu me a encantadooo lo has dejado interesanteee! esta genial esta entradaaa sigue asi guapa =)

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  3. Muchas gracias. La idea era dejarlo en suspense para poder continuar sino no puedo seguir con el hilo.

    Un beso.

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  4. Jaja,si en el fondo sí que es demasiado buena xD Sinceramente, lo estaba esperando! Sabía que algo pasaría con Dan (H)

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