Te quiero mi amor, te quiero mi vida, te quiero mi aire, te quiero mi lucero ...
Tengo tantas y tantas palabras para llamar a esa persona, que creo que diría te quiero mi corazón. Sí, esa persona a la que se llega a amar, a la que se le entregan tus ganas o desganas de vivir, a la que le entregas tu respiración y tu manera de vivir, y a la que amas con y todas las de la ley. Esa persona que cambia tu tristeza por una alegría, esa persona que cambia tu llanto por un destello de luz en tu mirada, esa persona que te regala uno, dos o todos los abrazos del Universo, tantos que llegaría a rodear la Tierra con sus brazos para alcanzarte.
Sí, esa misma persona que se preocupa por y para tu bienestar, la que te da ese amor que tanto necesitas y te regala esas ganas de vivir que se fueron esfumando con el paso del tiempo y de los años. Esa persona a la que le debes momento inéditos, tantos momentos que has llorado al estar con esa persona, pero no de tristeza, sino de felicidad, de alegría, de orgullo ... Te sientes tan orgullosa de tener a esa persona a tu lado que por momentos piensas, se te pasan imágenes por la mente e incluso sueñas con que te lo puedan arrancar de tus brazos, de tu mirada y hasta de tu mente.
A este tipo de personas son a las que hay que darle las gracias por sacarnos una sonrisa cuando lo necesitamos y que nos abrazan y convencen de que un llanto no tiene sentido hasta que esa persona no se lo merezca y que nunca se lo merecerá porque una persona que te quiere nunca te hará llorar, o al menos eso dicen. Pero eso la mayoría de las veces no sucede, mientras más quieres a una persona más lloras por tenerla y más sufres por retenerla.
Me emociono, sí, porque nunca había sentido nada parecido, porque siempre han sido desprecios, siempre han sido momentos malos y momentos que para mí quedan en el pasado. Y por ello, quiero darle mi más grato reconocimiento de amor, a esa persona tan especial, a esa persona por la que lloro día y noche porque no quiero que se vaya, porque quiero que sus manos permanezcan en mí, que sus ojos sean los privilegiados en mirarme y que sus labios choquen con los míos.
Gracias, muchas gracias, por esperar de mi lo que tu me das, y gracias de nuevo y no me cansare de repetirlo por encontrar siempre el momento para hacerme sonreír y los momentos para hacerme llorar de alegría.
viernes, 27 de agosto de 2010
Nunca diré un jamás por respuesta.
Somos personas que estamos destinados a las tentaciones, a los sentimientos impuros, a lo que llamaríamos una aventura. Nos adentramos en aventuras y mundos paralelos, nos gusta lo peligroso, pero más nos gusta lo prohibido, mejor dicho nos encanta lo prohibido. Mientras mayor sea la prohibición mayor serán nuestras ganas de hacerlo y por lo tanto la idea de la prohibición será proporcional con las ganas de realizarlo.
Tenemos un corazón tan débil y una mente tan perversa, que nos cuesta trabajo pensar que a veces seamos así. Nos cuesta mucho ver la realidad de que las tentaciones están por y para nosotros y que si caemos en ellas es porque en ese momento nuestra debilidad es mayor que nuestras ganas de decir no.
Las veces que tentamos a la suerte, esas son las veces que más nos damos cuenta de que cometemos un error, un error detrás de otro. Caemos, caemos y volvemos a caer, dicen que a la tercera va la vencida, pero hay momentos en que una tercera vez no nos abre los ojos, y que tenemos que seguir cayendo, tenemos que seguir tropezándonos y tenemos que seguir equivocándonos, porque el verbo equivocar es sinónimo de madurez y valentía. Por ello dicen que la madurez no tiene edad, sino cabeza y mentalidad, o mejor dicho diría.
Tenemos un corazón tan débil y una mente tan perversa, que nos cuesta trabajo pensar que a veces seamos así. Nos cuesta mucho ver la realidad de que las tentaciones están por y para nosotros y que si caemos en ellas es porque en ese momento nuestra debilidad es mayor que nuestras ganas de decir no.
Las veces que tentamos a la suerte, esas son las veces que más nos damos cuenta de que cometemos un error, un error detrás de otro. Caemos, caemos y volvemos a caer, dicen que a la tercera va la vencida, pero hay momentos en que una tercera vez no nos abre los ojos, y que tenemos que seguir cayendo, tenemos que seguir tropezándonos y tenemos que seguir equivocándonos, porque el verbo equivocar es sinónimo de madurez y valentía. Por ello dicen que la madurez no tiene edad, sino cabeza y mentalidad, o mejor dicho diría.
martes, 24 de agosto de 2010
Sueños tan profundos que florecen de la nada.
Los sueños a la larga nos crean ilusiones que sobrepasan las falsas esperanzas. Las veces que caemos en el profundo sueño nos quedamos en blanco, o mejor dicho vemos con los ojos cerrados una galaxia llena de estrellas, hasta que por fin creamos en nuestro interior, en nuestra mente, unas imágenes que no se salen de la realidad y que el cerebro procesa como si estuviéramos viviendo nuestro propio sueño, aunque realmente estemos dormidos, tumbados en una cama y con los ojos cerrados.
Realmente no sé si cuando morimos, caemos en nuestros propios sueños. Pero de lo que estoy totalmente segura es de que los sueños relacionados con la muerte son profundamente desagradables, te encogen el corazón y no puedes despertar cada vez que te adentras en uno de ellos. Es como si tu alma estuviera muerta, tu cuerpo petrificado o frío como el hielo. Después en nuestro despertar caemos o no en la conclusión de que hemos soñado, pero hay personas que sueñan con la mente en blanco, no se sabe si lo hacen o no, pero es seguro que no lo recuerdan, porque estamos sometidos a tanta presión, a tantos sentimientos, a tantas pasiones ... Que no pensamos la relación de lo que hemos soñado con lo que sentimos.
Los sueños por estúpidos que sean tenemos que saber leer entre líneas, y darnos cuenta de la relación que tienen dentro de nuestro entorno.
Realmente no sé si cuando morimos, caemos en nuestros propios sueños. Pero de lo que estoy totalmente segura es de que los sueños relacionados con la muerte son profundamente desagradables, te encogen el corazón y no puedes despertar cada vez que te adentras en uno de ellos. Es como si tu alma estuviera muerta, tu cuerpo petrificado o frío como el hielo. Después en nuestro despertar caemos o no en la conclusión de que hemos soñado, pero hay personas que sueñan con la mente en blanco, no se sabe si lo hacen o no, pero es seguro que no lo recuerdan, porque estamos sometidos a tanta presión, a tantos sentimientos, a tantas pasiones ... Que no pensamos la relación de lo que hemos soñado con lo que sentimos.
Los sueños por estúpidos que sean tenemos que saber leer entre líneas, y darnos cuenta de la relación que tienen dentro de nuestro entorno.
domingo, 22 de agosto de 2010
Si las palabras fueran de oro, todas valdrían la pena.
Tengo tanto veneno recorriendo mis arterias y mis venas, que creo que no me queda sangre, que lo que saldría por una de mis heridas me quemaría por fuera, pero más me quema día a día por dentro. A veces odio a mi sensibilidad porque se viene abajo cuando menos me lo espero, y también odio los momentos en los que lloro de rabia, de impotencia, pero no es porque realmente quiera, sino porque las palabras me hacen daño, se me clavan en el corazón y aún no sé porque sigo viva, no sé porque sigo viviendo después de todas las puñaladas que me dan paulatinamente.
Un buen día una persona, la cual es para mí como un trozo de cielo, me dijo que mis lágrimas no supondrían la felicidad de otras personas, que incluso se sentirían mal y que no por llorar me hago más fuerte y resistente, pero que si lo necesitaba adelante, que podía desahogarme todo lo que quisiera, pero que la sonrisa más bonita se la estaba perdiendo el mundo con mis llantos. Aquel momento, me hizo pensar y recapacitar sobre si mi vida giraba entorno a unos ojos húmedos, constantemente, y en ese momento caí en la conclusión de que mi felicidad estaba en manos de las personas que me rodeaban y que si una persona caía yo también lo hacía con ella, hasta que me di cuenta de que no son importante las veces que nos caigamos, sino las veces que nos vamos a levantar porque en cada una hay un esfuerzo admirable.
Un buen día una persona, la cual es para mí como un trozo de cielo, me dijo que mis lágrimas no supondrían la felicidad de otras personas, que incluso se sentirían mal y que no por llorar me hago más fuerte y resistente, pero que si lo necesitaba adelante, que podía desahogarme todo lo que quisiera, pero que la sonrisa más bonita se la estaba perdiendo el mundo con mis llantos. Aquel momento, me hizo pensar y recapacitar sobre si mi vida giraba entorno a unos ojos húmedos, constantemente, y en ese momento caí en la conclusión de que mi felicidad estaba en manos de las personas que me rodeaban y que si una persona caía yo también lo hacía con ella, hasta que me di cuenta de que no son importante las veces que nos caigamos, sino las veces que nos vamos a levantar porque en cada una hay un esfuerzo admirable.
Necesito una vida nueva.
Hay veces que tiraría todo por la borda y veces en las que me siento suficientemente feliz de todo lo que hago, porque es lo que sale de mis adentros. Otras veces me gustaría no haber nacido, porque vivo por y para el sufrimiento, y otras en las que me gustaría que la felicidad que hay en mi interior no acabase nunca.
Siempre he estado destinada a la infelicidad, y cuando verdaderamente hace un cierto tiempo atrás se acaban los problemas y la desolación, giró de nuevo la noria y me tocó de nuevo lo que yo menos quería. En momentos como estoy quiero estar sola, pero mi corazón me pide un hombro en el que llorar, haría las maletas y me iría lejos, muy lejos, pero para no volver, y si es verdad que la soledad existe es mentira, siempre las decisiones que tomamos afectan a alguien, y evidentemente no a uno mismo, o quizá sí, pero eso es lo menos importante, hay que personas que viven por vivir y personas que viven por amor al arte, yo me incluyo en las personas que viven por vivir, porque no tienen más remedio, pero mis ganas creo que traspasan el menos infinito.
El corazón me dicta tantas palabras que mi mente no puede procesar, hay tanto rencor guardado en mi sistema circulatorio que cuando mis palabras pasan a mi mente escupo las palabras lo más ameno que puedo, pero siempre la culpable seré yo.
Siempre he estado destinada a la infelicidad, y cuando verdaderamente hace un cierto tiempo atrás se acaban los problemas y la desolación, giró de nuevo la noria y me tocó de nuevo lo que yo menos quería. En momentos como estoy quiero estar sola, pero mi corazón me pide un hombro en el que llorar, haría las maletas y me iría lejos, muy lejos, pero para no volver, y si es verdad que la soledad existe es mentira, siempre las decisiones que tomamos afectan a alguien, y evidentemente no a uno mismo, o quizá sí, pero eso es lo menos importante, hay que personas que viven por vivir y personas que viven por amor al arte, yo me incluyo en las personas que viven por vivir, porque no tienen más remedio, pero mis ganas creo que traspasan el menos infinito.
El corazón me dicta tantas palabras que mi mente no puede procesar, hay tanto rencor guardado en mi sistema circulatorio que cuando mis palabras pasan a mi mente escupo las palabras lo más ameno que puedo, pero siempre la culpable seré yo.
Dicen que somos como robots, más quisiéramos nosotros.
Eso dicen, que somos máquinas, que somos ordenadores que procesamos información diariamente ... Pero ¿realmente lo somos?. Yo diría que no, y os planteo el porque de que mis pensamientos sean negativos hacia esa afirmación.
Un ordenador tiene la posibilidad de volver atrás, es decir de restaurarse, pero nosotros no, por más que queremos volver al pasado no podemos, siempre lo tenemos ahí, pero el ordenador no. Tienen también la posibilidad de aceptar y de rechazar o cancelar, nosotros tenemos que aceptar lo que nos venga, sí o sí, porque no hay más posibilidades. Mientras sus virus pueden eliminarse, lo que en un ordenador es un virus en nuestra vida diaria son problemas, problemas que se podrán o no eliminar, ellos analizan el virus y nosotros buscamos soluciones al problema con un 50% de posibilidades de que se pueda o no solucionar, pero ahí está la duda.
Yo creo que el hecho es obvio, todo esto no lo podría hacer un ordenador sino hubiera sido creados por nosotros, está lleno de chips y de seriales, pero nosotros somos carne y hueso, a nosotros nos puede un virus y a ellos no, porque son eliminados instantáneamente. Creo que a más de una persona se le ha pasado alguna vez por la cabeza querer ser un ordenador o una máquina, pero sólo se queda en eso en un quiero y no puedo.
Un ordenador tiene la posibilidad de volver atrás, es decir de restaurarse, pero nosotros no, por más que queremos volver al pasado no podemos, siempre lo tenemos ahí, pero el ordenador no. Tienen también la posibilidad de aceptar y de rechazar o cancelar, nosotros tenemos que aceptar lo que nos venga, sí o sí, porque no hay más posibilidades. Mientras sus virus pueden eliminarse, lo que en un ordenador es un virus en nuestra vida diaria son problemas, problemas que se podrán o no eliminar, ellos analizan el virus y nosotros buscamos soluciones al problema con un 50% de posibilidades de que se pueda o no solucionar, pero ahí está la duda.
Yo creo que el hecho es obvio, todo esto no lo podría hacer un ordenador sino hubiera sido creados por nosotros, está lleno de chips y de seriales, pero nosotros somos carne y hueso, a nosotros nos puede un virus y a ellos no, porque son eliminados instantáneamente. Creo que a más de una persona se le ha pasado alguna vez por la cabeza querer ser un ordenador o una máquina, pero sólo se queda en eso en un quiero y no puedo.
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